Por primera vez, Estela Martín, oriunda de Pergamino, se animó a hacer un asado en la parrilla de una cabaña de madera con vista al río Paraná. Como tiene agencia de viajes, ella es la encargada de organizar los paseos. “Somos un grupo de amigas jubiladas que nos encanta viajar”, cuenta. Se las ve contentas mientras se las ingenian para encender la leña y el carbón para hacer “nuestros primeros chorizos”, ríe. Huelen bien; las risas auguran alegrías compartidas. Más lejos, un grupo de jóvenes escucha música fuerte mientras comparten unos mates en la pileta. La costa del río está unos metros más allá.
A dos horas de Buenos Aires, por la ruta N9, Ramallo se encuentra sobre la costa del río Paraná, cauce que todo lo domina en esta ciudad, como una bestia dormida: frente a ella, el lecho se ensancha y su devenir de agua se hace lento o tormentoso si hay sudestada. La playa es bastante ancha: son 3 km de costa de arena ganada al río que se logró con relleno de su dragado del canal por donde pasan los barcos cargueros a partir de los años 90.
Enfrente están las islas y sus casas de fin de semana, el límite con Entre Ríos, los isleños y sus historias, y las islas donde se crían animales: toda la mística de un río que también puede volverse tramposo.
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Desde el Balneario Municipal o desde alguno de los seis paradores, se puede comer frente al río o realizar un paseo en lancha todo el día que recorre las islas, el barco hundido, la costa entrerriana.
Diego Marini, uno de los dueños del complejo Yvyrá desde hace 20 años, referente del lugar, cuenta que ofrecen kayaks si el río está planchado. No como hoy, porque “si te vas remando o reservás una lancha y te toca un día así, te golpea el agua como loco”, advierte.
La playa marca el pulso de la ciudad. “Es el único lugar con playas públicas con arena desde Rosario hasta San Fernando, con 10 guardavidas de nuestra escuela municipal distribuidos en 6 puestos: son 3 km de costa que incluyen 5 complejos de cabañas, campings, hoteles; en total, 2000 camas aproximadamente”, explica Osvaldo Villareal, director de Turismo de Ramallo. Además, hay cuatro restaurantes y seis paradores. En la zona de pesca pueden bajar las embarcaciones.
Caminando por la playa, se puede tomar algo en el parador Atrappe, con una terraza que da al río para probar cervezas, excelentes picadas y un largo etcétera.
Consultado sobre alguna gastronomía regional específica de Ramallo, el director de turismo cuenta que se hacen empanadas de “armado, un pescado feo que si lo ves no lo comés, pero que tiene una carne muy blanca y queda como si fuese pollo, junto con la boga despinada y el dorado”.
Imperdibles los bizcochitos pa´l mate que hace Nancy en una pyme de Ramallo, para el atardecer en el río, o los deliciosos pescados de río como la boga a la parrilla que sirven en la Parrilla Lo de Cacho. Para los carnívoros, está también la parrilla libre en Puerto Fino o ya en plan programa nocturno, el restaurante Terruño, en Villa Ramallo.
Lautaro Frascaroli estudió gastronomía en el Ateneo de Estudios Terciarios en Buenos Aires y trabajó 15 años en el Club del Vino y Million, entre otros lugares, para volver a su pueblo en 2005 a abrir Terruño. Con un gran esfuerzo personal, logró imponer un restaurante de “dos copas” en el pueblo, desde una esquina que fue un almacén de ramos generales del año 34 y luego una casa de repuestos de autos. Se sirven pescados de río, pero no de criadero, así que depende de lo que se saque ese día del Paraná: carnes a la parrilla, hamburguesas, excelentes pastas caseras los domingos, buenos postres. A veces hay peña los jueves, pero en general es, simplemente, un lugar que no defrauda para hacer el programa de ir a comer bien.
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Para Ezequiel Pérez, autor de La demora, Ramallo era uno y se convirtió en otro después de la tragedia del Banco Nación de 1999. Se trata de un libro sobre la masacre ocurrida en la ciudad. “En cualquiera de mis recuerdos, ahí está el banco. Como todo monumento del pasado incrustado en el presente, no se puede dejar de experimentar una suerte de desfase cada vez que se pasa por la vereda de Sarmiento y avenida San Martín. El edificio nos recuerda que alguna vez fuimos un pueblo pujante a la vera del río, que las vías nos hacían fuertes, que se nos fue la vida en una espera lenta, la de un tiempo que nunca llegó porque los pueblos de provincia se fueron olvidando a la par que los trenes y su idea de progreso. (...) El edificio de Sarmiento y San Martín tendía sus brazos para hacernos saber que todas nuestras referencias se levantaban sobre suelo firme. Después del asalto llegó el tiempo del baldío”.
A 20 km de la ciudad, se levantó un centro industrial donde operan cerca de 200 empresas: está la ex Somisa, hoy Ternium Siderar, Loma Negra y un largo etcétera. Por eso en Ramallo se hacen pruebas de agua todas las semanas.
El pueblo sigue con su ritmo lento de la mano de las bicicletas, las motos, los cabeceos en forma de saludo, los perros que hociquean en las puertas, las lanchas, la draga, los barcos, las chatas de cereales remolcadas y los atardeceres frente al río.
Cómo llegar:
Desde Buenos Aires hay que tomar la Autopista Panamericana ramal Escobar-Campana y seguir por la ruta N9 hasta encontrar la salida de unos pocos km hasta Ramallo.
Dónde alojarse: cabañas sobre el río como el Complejo Yvyrá al tel. 3407 582513 u hoteles como el Camberland Resort & Spa, sobre la costa del río.
Para comer:
En Ramallo
Atrappe: Paseo Ribereño “Viva el río”, Ramallo. WP: 3407521615.
Lo de Cacho: Paseo Ribereño y El Río, Ramallo
Teléfono: 03407 42-5080
Ambos lugares abren desde las 12 del mediodía hasta el cierre.
En Villa Ramallo
Terruño restaurant: Av Bonfiglio 202, Villa Ramallo,
Reservas únicamente ☎️ 3407-480905
⏰ De Miércoles a Domingos desde las 18:30hs


