Estados Unidos vivirá elecciones intermedias en noviembre próximo.Estados Unidos vivirá elecciones intermedias en noviembre próximo.

Toda acción conlleva una reacción: del caos de enero a la factura de noviembre

2026/02/18 18:00
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El panorama para las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos se avizora notablemente diferente hoy en febrero de lo que Donald Trump y la mayoría en su partido presumían al cierre de 2025. Un año después de haber iniciado su segundo mandato, los índices de aprobación del presidente pintan un panorama preocupante para la administración a medida que se acercan dichos comicios. Encuestas publicadas este mes muestran que la aprobación presidencial está por debajo de la media en prácticamente todas las principales encuestas -incluidas Fox y Rasmussen, dos encuestadores pro-Republicanos- y con una aprobación negativa neta récord que oscila entre los -19 y -26. Si bien al igual que todo presidente antes que él la tendencia ha sido invariablemente a la baja después de su investidura y primer año de gestión, la aprobación neta general de Trump cayó casi 18 puntos a partir de marzo 2025. Particularmente problemático para él y su partido es el desplome en todos los sociodemográficos clave que impulsaron su segunda victoria en 2024: su apoyo entre el electorado joven se han desfondado (los de 18 a 29 años ahora muestran solo un 25% de aprobación en algunas encuestas), sus números con los hispanos han caído drásticamente y los votantes independientes están rechazando rotundamente al mandatario. Incluso dentro de su propio partido, hay indicios de erosión, con la aprobación de votantes Republicanos disminuyendo veinte puntos, de 90% a 70%. Las bajas calificaciones se extienden a todas las áreas de política pública (exceptuando su manejo de la frontera con México), con su gestión de las políticas económica, migratoria y exterior registrando puntuaciones negativas, lo que sugiere un descontento sistémico, más que específico, con el desempeño de la administración. Las encuestas de febrero muestran además que los Demócratas cuentan con una ventaja de 5 a 6 puntos en la intención genérica de voto, que aumenta significativamente entre los votantes “extremadamente motivados” para votar, con los que los Demócratas poseen en este momento una ventaja de 16 puntos. Para un partido que controla la Cámara de Representantes por solo cuatro escaños y el Senado por seis, estos son presagios ominosos.

¿Qué sucedió? La respuesta reside en la colisión entre la caótica visión de política exterior de Trump, la reacción a sus políticas internas, un escándalo -el caso Epstein- que sigue arrinconando a la administración y enfrentándola con su sectores de su base MAGA y la persistente realidad económica que enfrentan las familias estadounidenses, creando una mezcla explosiva que parece estar transformando el mapa electoral en tiempo real.

Ya he escrito en esta página de Opinión sendas columnas sobre el impacto de la política exterior trumpiana en el escenario internacional, particularmente en lo que respecta a su postura geopolítica frente a Rusia, China y el continente americano, el vandalismo diplomático sobre todo con Europa y Canadá y su gansterismo arancelario. Una encuesta de Marist de mediados de enero reveló que el 56% de los estadounidenses se opone a más acciones militares en el continente, el 57% a ataques contra Irán y el 69% a su intento de hacerse de Groenlandia. El público parece desconfiar de la visión expansionista de la administración, incluso mientras celebra discretos éxitos tácticos como la extracción y arresto de Maduro. Pero la política exterior rara vez decide las elecciones de mitad de mandato. Lo que más importa cara a esas urnas es lo que ven y perciben los estadounidenses cuando abren la billetera.

En ese sentido, enero solo trajo malas noticias para el GOP. El hogar estadounidense típico ahora gasta $184 dólares más al mes para comprar los mismos bienes y servicios que hace un año, y si bien los precios al por mayor de algunos productos de la canasta básica han empezado a bajar un poco, la energía, la atención médica, el café y la carne molida -entre otros productos- continúan su imparable trayectoria inflacionaria. Y el martilleo de Trump de que la “asequibilidad” es un “engaño” Demócrata cae en oídos sordos para las familias que ven cómo se erosiona su poder adquisitivo. Su largamente prometido “gran plan de salud”, finalmente presentado a principios de enero, fue inmediatamente criticado por su escasez de detalles: un “marco general” en lugar de una propuesta concreta. Peor aún, 20 millones de estadounidenses vieron sus primas de seguro prácticamente duplicarse este enero cuando expiraron los subsidios de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (el llamado “Obamacare”) y comenzaron a surtir efecto los recortes a Medicaid. Y los aranceles que Trump impuso a lo largo de 2025 ahora están teniendo consecuencias económicas concretas. Las estimaciones de la Reserva Federal muestran que esos aranceles representan la mitad del exceso de inflación por encima del objetivo del 2%, y Goldman Sachs proyecta un aumento adicional del 1% en la inflación durante el primer semestre de 2026. Las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso publicadas en enero pintan un panorama fiscal sombrío, estimando que el déficit aumentará en billones durante la próxima década, impulsado en gran medida por la agenda legislativa de Trump aprobada en julio pasado. Se proyecta que ese paquete de legislación, que extendió permanentemente los recortes de impuestos de 2017 y aumentó el gasto de defensa al tiempo que cercenó los programas de seguridad social, aumentará el déficit en $4.7 billones de dólares entre 2026 y 2035.

Por si esto fuera poco, está el uso faccioso e indiscriminado de las redadas migratorias al interior del país. El Departamento de Seguridad Interna afirma haber realizado más de 622,000 deportaciones desde que Trump asumió el cargo, y las operaciones de ICE se han expandido a nivel nacional a pesar de incidentes con uso de fuerza letal que se cobraron la vida de dos ciudadanos estadounidenses y que han detonado impugnaciones legales y protestas generalizadas. Un importante estratega electoral Demócrata me subrayaba la semana pasada con el anuncio del repliegue operativo en Minneapolis que Trump no podría sobrellevar el asesinato “de otra madre joven en una van” -en alusión a Renee Goode, la madre abatida ahí por ICE el 23 de enero. Una encuesta de Quinnipiac reveló que el 59% desaprueba la forma en que ICE aplica las leyes migratorias, mientras que solo el 38% la aprueba. Lo más revelador no es que la desaprobación abrumadora de Demócratas y sobre todo independientes se haya disparado en este mes y medio de 2026 mientras que la mayoría de los republicanos la siguen aprobando con los mismos niveles del año pasado a pesar de lo ocurrido en la calles de Minneapolis, sino que esa brecha sugiere que el tema está impulsando y motivando más a la oposición que a la base MAGA.

Los fundamentos políticos y la historia política del país camino a noviembre favorecen a los Demócratas: el partido del presidente casi siempre pierde terreno en las elecciones de medio término; ha sucedido en 20 de las últimas 22 elecciones legislativas desde 1938. La aprobación presidencial es fundamental, y la aprobación neta de Trump lo coloca en una situación precaria. Los Demócratas solo necesitan una ganancia neta de tres escaños en la Cámara de Representantes para recuperar la mayoría, mientras que los Republicanos no pueden permitirse perder más de dos. Inside Elections y Cook Report, dos de las encuestadoras más serias y relevantes del país, ya han inclinado la balanza en la Cámara de Representantes decisivamente hacia los Demócratas, e incluso hay algunos Republicanos que empiezan a temer que el Senado, mucho menos asequible en este ciclo electoral para los Demócratas por el número y perfil de escaños que tendrían que arrebatarle al GOP, podría estar en juego cuando no lo estaba hace tan solo mes y medio.

Enero ha depositado un regalo inesperado en el regazo de los Demócratas: una narrativa clara sobre un presidente que prometió renovación económica pero que detonó inflación. A medida que los votantes empiecen a enfocarse en noviembre, esa historia podría resultar lo suficientemente poderosa como para cambiar el control del Congreso, y de paso colocar un primer dique a la oprobiosa gestión de Trump. Sin embargo, la pregunta no es si están posicionados para arrebatarle a Trump el control del Congreso o por lo menos de la cámara baja, ciertamente; la historia, los fundamentos y las encuestas actuales apuntan en esa dirección. La pregunta es si Trump puede cambiar fundamentalmente esa trayectoria de aquí a noviembre, sino es que alterarla con sus amenazas de intervenir en la elecciones. Solo hay que recordar que en enero espetó a Reuters que sus logros eran “tan grandes” que “ni siquiera deberíamos tener elecciones” en noviembre, para luego, en otra entrevista con el New York Times, decir que “se arrepentía de no haber ordenado a la Guardia Nacional confiscar las máquinas de votación” en estados clave tras su derrota en 2020. Y sin duda, Trump y sus aliados están mucho mejor preparados que en 2020 para manipular las elecciones en noviembre o desacreditar los resultados. Sean cuales sean las motivaciones de Trump con esas declaraciones y con el uso faccioso del poder que hemos visto a lo largo de este primer año de su gestión, los Demócratas cometerían un error al subestimar la probabilidad de que el presidente haga lo que dice tener inclinación a hacer.

No obstante, este enero sugiere un presidente cada vez más desconectado de las inquietudes de los votantes, que persigue políticas exterior e interior polarizadoras e impopulares con segmentos clave que le dieron el triunfo en 2024, mientras la economía y el poder adquisitivo del votante se deterioran. Su partido se enfrenta a una disyuntiva: distanciarse de políticas profundamente impopulares o apoyar a Trump y esperar que su personalidad pueda desafiar una vez más la gravedad política. Dado que sé la respuesta a esta última interrogante, me parece que la mesa está puesta para los Demócratas. Quedan nueve meses. Y ahora mismo, la tracción les favorece.

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