De acuerdo con un reciente informe conjunto de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) publicado a fines del año pasado, el “trabajo infantil” sigue afectando nada menos que a 140 millones de niños en todo el mundo, de los cuales 50 millones realizan “trabajos peligrosos”.
Se considera trabajo infantil el realizado por niños de 5 a 17 años, mientras que por “trabajo peligroso” se entiende aquel realizado en industrias de alto riesgo y/o actividad realizada durante 43 horas o más por semana; en particular:
Las condiciones de vida de este conjunto de niños marginales es realmente lamentable:
Si bien el fenómeno aquí analizado se extiende a lo largo de todo el planeta, la distribución de esta lacra social no es homogénea. En efecto, en el África Subsahariana existe un 25% de niños afectados (85 millones!), mientras que en el resto de las regiones la situación es la siguiente: Asia Occidental (8,3%), Asia Oriental y Sudoriental (3,1%), América Latina y Caribe (5,5%), Asia Central y Meridional (3,4%) y Europa/América del Norte (2,3 %).
Más allá de las dramáticas condiciones de vida infrahumanas que afectan a esta población de niños, otras características son las siguientes:
En síntesis, claramente, el trabajo infantil debe considerarse como una lacra social que lamentablemente no ha decrecido. Como se ha visto, el total de este universo está sujeto a pésimas condiciones de vida, pobre alimentación, débil salud física y mental, falta de educación y, además, con poca esperanza respecto a su futuro.
Para combatir este lamentable escenario se necesitan inmediatas medidas de apoyo por parte de la comunidad internacional, debiendo destinarse al problema fondos que hoy resultan insuficientes. Caso contrario, el tiempo para atenuar este drama podría no sólo prolongarse en demasía sino, incluso, mostrar una tendencia creciente. En efecto, actuales estudios indican que, de no tomarse medidas adecuadas (entre otras: universalizar la protección social, educación gratuita y de calidad, empleo para los familiares adultos), el total de niños involucrados en trabajo infantil podría incrementarse en el mediano plazo.
A la fecha, resulta increíble que la insuficiencia de fondos impida ir atenuando esta situación realmente deplorable. A este respecto, es importante destacar que en los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” establecidos por las Naciones Unidas se fijó el período 2025/2030 para llevar al mínimo este estigma social.
Una reflexión final. En la actualidad, organismos internacionales estiman que los gastos militares globales son superiores a 3 billones de dólares (millones de millones). ¿No sería posible disminuir este increíble monto en un determinado porcentaje y constituir con el mismo un fondo destinado a ir mitigando este dramático escenario?


