En Tequila, Jalisco, tierra donde el agave se cuece lento pero el poder embriaga rápido, Diego Rivera Navarro —presidente municipal en funciones hasta hace una En Tequila, Jalisco, tierra donde el agave se cuece lento pero el poder embriaga rápido, Diego Rivera Navarro —presidente municipal en funciones hasta hace una

Corrupción con limón y sal

2026/02/12 14:46
Lectura de 4 min

En Tequila, Jalisco, tierra donde el agave se cuece lento pero el poder embriaga rápido, Diego Rivera Navarro —presidente municipal en funciones hasta hace una semana— fue aprehendido por la Fiscalía General de la República, acusado de una larga lista de delitos que, juntos, no caben en una botella de a litro. Resulta que el edil montó un sistema de extorsión contra comerciantes, gasolineros, hoteleros y empresarios de dicho pueblo mágico.

De acuerdo con las investigaciones, quienes se negaban a entrarle con su cuerno al acuerdo del alcalde enfrentaban amenazas, presiones y hasta privaciones ilegales de la libertad, convirtiendo a Tequila en una especie de mini dictadura con fachada turística, donde al que no pagaba derecho de piso le daban piso.

Las versiones más graves —y hoy bajo investigación— apuntan que Rivera Navarro tenía vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación, organización criminal que, según dichas acusaciones, habría respaldado su campaña a la alcaldía, bajo la condición de que una vez en el poder entregaría al CJNG 40 millones de pesos mensuales provenientes de extorsiones y otras trapacerías. Una recaudación tan eficiente que ni el SAT soñaría con ella.

El hoy preso en el Altiplano no llegó a la presidencia municipal por accidente. Expriista, reciclado por Morena, ganó hace año y medio bajo el discurso de transformación, aunque su administración pronto se volvió sinónimo de denuncias, escándalos y polémicas. Además de las acusaciones por extorsión y crimen organizado, también se le señaló por desvío de recursos públicos, delincuencia organizada, lavado de dinero y hasta acoso sexual contra regidoras. Un currículum tan cargado que ya no cabía en el organigrama municipal.

Fiel al manual del político acorralado, Diego Rivera respondió desde redes sociales. En videos difundidos antes de su detención, negó todo y aseguró que su único pecado había sido “pisar muchos callos”. Una defensa creativa: convertir la presunta extorsión en pacientes del doctor Scholl.

Pero la soberbia —esa que se sube más rápido que un trago de tequila con 40% de alcohol— lo llevó demasiado lejos. Según las versiones conocidas, el alcalde habría intentado extorsionar incluso a Casa Cuervo, uno de los consorcios tequileros más poderosos del país. Ahí fue cuando el caballito se derramó: hay llamadas que no se hacen y puertas que no se tocan.

La caída fue estruendosa. Morena se deslindó de inmediato y, en un comunicado, subrayó que “el combate a la corrupción no entiende de privilegios ni colores” y que el movimiento no puede ser paraguas para delinquir. Traducción política: cada quien responde por su propia borrachera.

Tras la detención de Diego Rivera Navarro, fue designada alcaldesa interina Lorena Marisol Rodríguez, hasta entonces regidora y presidenta de las comisiones de Participación Ciudadana, Salud, Higiene y Combate a las Adicciones. Ironías del destino: combatir adicciones, mientras el poder político local parece padecer una severa dependencia de la impunidad.

El problema no es solo el cargo, sino el pasado reciente. En abril del año pasado comenzó a circular un video ampliamente difundido en redes sociales donde se observa a Lorena Marisol, cantando a todo pulmón un corrido interpretado por el grupo Los Alegres del Barranco. La canción —según se ha documentado públicamente— es un homenaje a Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. El detalle que incomoda no es solo la letra, sino el contexto: ese mismo grupo musical con la misma canción fue patrocinado por el entonces alcalde Rivera Navarro en una presentación en Zapopan, Jalisco.

Entre los pobladores de Tequila la percepción es clara: la alcaldesa interina representa continuidad, no ruptura. “Es el mismo grupo, las mismas caras y las mismas mañas”, dicen en voz baja aquellos que piensan que el relevo se siente más como cambio de botella que de contenido. Diego Rivera cayó, pero el ecosistema político que lo sostuvo parece seguir fermentando sin prisa.

¡Salucita! Y que esta vez la justicia no se quede en el puro brindis.

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