Según el Indec, entre diciembre de 2025 y enero de 2026 -en promedio- los precios al consumidor aumentaron 2,9%, por lo cual entre enero del año pasado y del presente subieron 32,4%.
Despejemos el campo operatorio. Nadie puede estar feliz con la gaffe relacionada con el cambio en la estructura de ponderaciones del IPC y la salida de Marco Lavagna de la titularidad del organismo. La decisión se adoptó en noviembre de 2025, así que no sorprendió a los protagonistas. Desde el punto de vista público el problema fue comunicacional, no de sustancia. De cualquier manera esto hoy pertenece al campo de la historia, algún periodismo y el plano político.
Porque desde el punto de vista de la toma de decisiones, el lamentable episodio resultó irrelevante. Por ejemplo, no afectó el precio de los bonos denominados en pesos, ajustados por la estimación oficial de la tasa de inflación. Con su accionar, los tenedores de bonos le quitaron cualquier manto de dudas al evento.
El 2,9% no puede generar más dudas que las que generaba el 2,8% de diciembre de 2025 porque se calculó con la misma estructura de ponderaciones.
Pongamos el carro detrás del caballo. El problema es la tasa de inflación, que desde fines de 2024, salvo un mes, nunca fue inferior a 2% mensual. Por favor, concentrémonos, mensaje que va tanto para las autoridades como para los colegas, porque se trata de poner los conocimientos al servicio de la acción.
Los análisis comienzan por formular preguntas relevantes. ¿Es la inflación un fenómeno exclusiva o principalmente monetario? ¿Cuál es el agregado monetario relevante en la Argentina de 2026? (cuando en 1963 Milton Friedman y Anna Schwartz escribieron su libro, esta pregunta era mucho más fácil de responder que hoy) ¿La cuestión de los determinantes inmediatos y mediatos de la inflación, son para tener en cuenta aquí y ahora? Para los devaluomaníacos y los devaluofóbicos, ¿por qué tenemos inflación con tipo de cambio nominal que no aumenta y hasta que baja?
La tasa de inflación incomoda, pero no desespera como ocurre cuando se produce una corrida bancaria o cambiaria. Pero ha trascurrido suficiente cantidad de meses para que la cuestión merezca ser puesta sobre el tapete. Como de costumbre, con la grandilocuencia no llegamos ni a la esquina; se trata de acertar con un diagnóstico específico para actuar en consecuencia.

