La expresión “estamos mal, pero vamos bien” se ha transformado en un símbolo del clima político y comunicacional de los años noventa, asociado a la idea de es cLa expresión “estamos mal, pero vamos bien” se ha transformado en un símbolo del clima político y comunicacional de los años noventa, asociado a la idea de es c

Si no se siente bien, al menos que se sienta mejor

2026/01/02 06:50

La expresión “estamos mal, pero vamos bien” se ha transformado en un símbolo del clima político y comunicacional de los años noventa, asociado a la idea de es con promesa de beneficios futuros, y permanece como una referencia obligada en el análisis del discurso político argentino.

Pero no es una expresión anecdótica, sino que tiene fundamentos profundos en el modo en que se administran las expectativas. Si los gobiernos tienen como prioridad resolverle los problemas a la gente, mientras no lo logren, al menos tienen que lograr que la gente sienta que esa resolución está en camino. Gobernar es también administrar expectativas.

Pero es muy distinto tener que hacerlo cuando uno tiene que necesariamente producir dolor para lograr soluciones, que cuando uno puede ir produciendo pequeños alivios mientras busca resolver los problemas. En el primer caso, uno debe justificar el dolor (lo que voy a hacer te va a doler, pero es para que luego te sientas mejor); en el segundo los pequeños alivios van construyendo el puente para llegar al destino deseado.

Cuando Milei comenzó su gestión se encontraba en el primer caso, tenía que producir dolor inicial para poder producir un orden económico que luego pudiera generar alivio. Había que hacer un ajuste (fiscal y de precios relativos) que iba a producir padecimientos, para luego aspirar a lograr que el orden macroeconómico logrado produzca crecimiento (alivio).

La administración de las expectativas efectuada por Milei fue la que indica el manual: adjudicar la responsabilidad del dolor a la gestión anterior (la herencia), y prometer que luego del dolor inicial vendría el alivio y el bienestar deseado.

Durante el 2024, la dinámica económica acompañó esa estrategia narrativa: se sufrió en el primer semestre (cuando había más predisposición de tolerar el dolor) y se sintió alivio en el segundo semestre con la recuperación económica. Pero a lo largo de este 2025, la estrategia narrativa no tuvo ese acompañamiento. La baja de la inflación, la actividad económica, el consumo y el poder adquisitivo de los salarios se estancaron y no ofrecieron el alivio necesario para convencer que el camino que se está recorriendo es el correcto.

Esto se transformó en un problema para la gestión de expectativas de este ciclo porque, como lo demostraron autores como Daniel Kahneman y Amos Tversky, las personas evalúan los cambios en términos relativos y hay una sensibilidad decreciente del cambio.

Si el cambio se vuelve cada vez más imperceptible, esa natural sensibilidad decreciente potencia la dificultad para percibir el cambio. Si uno se acostumbra a la baja de la inflación (que aún sigue siendo alta), la utilidad de la baja de la inflación como síntoma de cambio va perdiendo fuerza.

Este año, el gobierno perdió en la percepción pública el crédito por la baja de la inflación, un logro que -en rigor- no corresponde a este año sino al anterior. De hecho, el año cerrará con una aceleración inflacionaria en el segundo semestre, lo que diluye ese activo político. A ello se suma que tampoco fue un año de crecimiento económico genuino: gran parte del desempeño agregado responde al arrastre estadístico. Más aún, este año la economía estuvo al borde de una recesión técnica, evitada únicamente por el efecto estadístico del fuerte crecimiento de la intermediación financiera.

Por todos estos factores, la gestión de expectativas de parte del gobierno fue más desafiante este año. La narrativa de que luego del dolor venía el alivio, parece no haber estado claramente disponible a la percepción del público. La actividad no crece, no se crea empleo y los ingresos no logran recuperar el poder adquisitivo que tenían en 2023. Por ello, sobre todo en la previa electoral, fue necesario para el oficialismo volver a apelar a la herencia como eje narrativo.

Solo mirando 2023, el año 2025 luce y puede transmitir la sensación de un rumbo con trayectoria de recuperación económica. Y a pesar de que la realidad macroeconómica pueda ser muy positivamente diferente a la de entonces, esos aspectos siempre lucen lejanos a la percepción pública general o a la sensibilidad del bolsillo ciudadano.

Pero esta suerte de desaceleración de las bondades que sobrevinieron al shock de dolor inicial no alcanza aún para constituir extendidamente la sensación de que este intento de cambio que lidera Milei fracasó. De hecho, uno podría decir que esa amenaza todavía está lejos para el Gobierno, ya que predomina en la mayoría de la gente la sensación de que este intento de cambio todavía está en curso, y que aún no hay suficiente evidencia para determinar su fracaso.

Esto es muy útil para sostener la narrativa de cambio que el gobierno pretende seguir sosteniendo. Algo que se ve paradójicamente ayudado por la falta de renovación en el peronismo. Mientras Cristina Kirchner, Sergio Massa y la gran mayoría de dirigentes emparentados con el Gobierno de Alberto Fernández siguen queriendo ser protagonistas de la pelea contra Milei, el oficialismo se verá paradójicamente favorecido para sostener su narrativa de cambio.

Mientras el peronismo no le ofrezca a la sociedad un gesto que materialice una autocrítica, por ejemplo el desplazamiento de todo protagonismo de los dirigentes del peronismo asociado con los fracasos del pasado, será más difícil que el peronismo se reconcilie con la gente. Algo que solo podrá ocurrir si Milei fracasa lo suficiente, algo que hoy pareciera ser mucho fracaso por ocurrir, tanto que se vuelve inverosímil que ocurra.

Si el pasado mal reputado sigue estando en la escena favoreciendo la comparación con este presente, el presente gozará de ventaja para lucirse y transmitir que se está en una trayectoria de mejora en curso. Algo nada despreciable para este ciclo, ya que, si Milei no logra que la gente se sienta bien, tiene que lograr al menos que sienta mejor. Y comparado con 2023, este modesto 2025 luce mejor.

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