A partir de hoy las obras de artistas y escritores fallecidos en 1955 entran en dominio público, es decir, quedan libres de derechos, lo que en la Argentina se conoce como “dominio público pagante” por el arancel que los usuarios con fines comerciales de las obras deben abonar al Fondo Nacional de las Artes. Según establece la ley 11.273, en nuestro país los derechos exclusivos de explotación, reproducción y traducción rigen durante toda la vida de los creadores, más setenta años post mórtem para sus derechohabientes.
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Desde inicios del siglo XXI, todos los 1° de enero se celebra el Día del Dominio Público (algunos festejan subiendo a internet las “obras liberadas”). Si bien los plazos no son iguales en todos los países, acá se aplica la misma norma para las creaciones extranjeras. Que una obra sea de dominio público en un lugar no significa que su uso sea gratuito en otros países (y viceversa).
En 2026, títulos de reconocidos escritores como el alemán Thomas Mann, el poeta estadounidense Wallace Stevens y el filósofo español José Ortega y Gasset ingresan en dominio público. Tanto La montaña mágica como La rebelión de las masas podrán ser reeditadas, adaptadas o reversionadas a menor costo por editores locales, al igual que la poesía intelectual de Stevens.
También quedarán libres de derechos títulos de los estadounidenses James Agee (su novela póstuma Una muerte en la familia, sobre la muerte de su padre, ganó el Pulitzer en 1958), Horace McCoy (autor de la genial novela negra ¿Acaso no matan a los caballos?), Elisabeth Sanxay Holding y Dale Carnegie (otrora best seller con libros sobre liderazgo y superación personal), de los poetas uruguayos Líber Falco (sus poemas fueron musicalizados por sus compatriotas Daniel Viglietti y José Luis Guerra) y Raquel Sáenz (que adoptó el seudónimo de Aspasia), del mitólogo y ocultista escocés Lewis Spence, de la poeta y librera francesa Adrienne Monnier (que fue pareja de la estadounidense Sylvia Beach), del filósofo galo Pierre Teilhard de Chardin, del irlandés Stanislaus Joyce (hermano menor del autor de Ulises), de los poetas españoles Carles Salvador y José Moreno Villa, del narrador y ensayista japonés Ango Sakaguchi (la editorial Evaristo publicó de este recomendable autor Farsas y ensayos) y de la novelista rumana Hortensia Papadat-Bengescu.
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El poeta y crítico de teatro, cine y música argentino Evar Méndez (nacido en Mendoza), que dirigió el periódico Martín Fierro, también falleció en 1995. Su nombre se popularizó por ser el destinatario de la carta de Oliverio Girondo que acompaña, desde 1925, las ediciones de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Fue amigo y discípulo de Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones, amén de los martinfierristas.
En Estados Unidos, las obras publicadas en 1930 entran en dominio público a partir de 2026, por ejemplo, Mientras agonizo, quinta novela de William Faulkner; El halcón maltés, de Dashiell Hammett, y El que susurra en la oscuridad, aterradora novela corta de H. P. Lovecraft.
En España, los derechos están protegidos durante toda la vida del autor, más setenta años tras su fallecimiento. No obstante, la antigua ley de propiedad intelectual española otorgaba un plazo de ochenta años post mórtem, por lo que aquellas obras cuyos autores hayan fallecido antes del 7 de diciembre de 1987, siguen teniendo esa duración.


